lunes, 8 de marzo de 2010

2. ¿QUÉ ES LA OBESIDAD?

Etimológicamente hablando, la palabra obesidad deriva del griego griego Ob (exceso) y edere (comer), dando a esta afección un único origen alimentario.

Sin embargo, hay diversos autores que proponen definiciones mucho más completas, como es el caso de Coutinhho (1999) (en Bastos et al. 2005) que la entiende como “el resultado de un desequilibrio permanente y prolongado entre la ingestión de alimentos y el gasto energético, donde el exceso de calorías se almacena en forma de tejido adiposo”. Según Pollock & Wilmore (1993)( en Bastos et al. 2005), “el sobrepeso es la condición en la que el peso del individuo excede del promedio de la población en relación al sexo, la talla y el somatotipo”.

A través de ambas afirmaciones podemos señalar que el desequilibrio entre la ingestión calórica y su posterior consumo energético, es la principal causa de aparición de la obesidad en humanos.
Mientras que la OMS en 1997 define la obesidad como una enfermedad caracterizada por el aumento de la grasa corporal, acompañada en la mayoría de los casos por un aumento de peso, cuya magnitud y distribución condicionan la salud del individuo.

Hay numerosos riesgos y complicaciones vinculados la obesidad, no solo de índole fisiológico, sino también psicológico. Las consecuencias físicas suponen un incremento del riesgo de padecer enfermedades coronarias, diabetes, cáncer (de útero, mama, colon y próstata), etc. y en definitiva, con un aumento de mortalidad.

En la actualidad la obesidad es considerada un severo estado patológico en general, y especialmente para la célula miocárdica; por ello, el paciente obeso no constituye un simple problema estético sino un verdadero enjambre de enfermedades, sin contar la pesada carga psicológica que ejerce la presión social sobre esta franja de la comunidad (Narváez, 2005).

2.1. Obesidad y sobrepeso: una relación problemática.

En muchas ocasiones se utilizan los términos sobrepeso y obesidad como sinónimos, pero como bien señala Ontario Hamilton (2003), no lo son.

Según M. Chueca et al. (2002) “La obesidad es un trastorno metabólico que conduce a una excesiva acumulación de energía en forma de grasa corporal en relación con el valor esperado según el sexo, la talla y la edad” mientras que “el sobrepeso denota un mayor peso corporal con relación al valor esperado según el sexo, la talla y la edad.” (pp. 127-141). Autores como Javornik (2000) afirman que existen diferencias de significado en la medición del porcentaje de grasa corporal; de los niveles de sobrepeso y de obesidad en función del sexo y la edad del sujeto.

Otros autores sin embargo, difieren en la definición y el criterio para denominar obesidad o sobrepeso atendiendo al método utilizado para determinarla (Hamilton, 2003). Uno debe medir o evaluar el porcentaje de grasa corporal por medio de la determinación del espesor de pliegues cutáneos o pesaje hidrostático, o utilizando técnicas de la absorciometría fotónica por rayos-X (DEXA). La grasa corporal mayor a 30% se utiliza frecuentemente como un criterio de obesidad. Ricardo Javornik (2000), nos muestra los estándares saludables de porcentaje graso para hombre y mujeres en función de las edades.

El índice de sobrepeso y obesidad utilizado más frecuentemente, es el índice de masa corporal (IMC), que indica la relación que existe entre el peso y la talla al cuadrado.

Tanto la OMS (Organización Mundial de la Salud, Septiembre 2006), como la SEEDO (Sociedad Española para el estudio de la Obesidad), consideran obesidad cuando el IMC es igual o mayor a 30 Kg/m2. Por tanto, se puede decir que los términos de obesidad y sobrepeso van a depender de los valores del IMC, y tanto la OMS como la SEEDO definen a un sujeto con sobrepeso cuando los valores del IMC comprenden entre 25 y 29,9 kg/m2.

A pesar de la popularidad del IMC, uno debe darse cuenta de que no diferencia entre una persona cuyo peso corporal excesivo es debido a un alto contenido de grasa corporal y una cuyo exceso de peso es atribuido a una mayor masa libre de grasa, particularmente en aquellas personas que pueden variar marcadamente en su masa muscular y masa libre de grasa (como por ejemplo puede ocurrir en atletas o deportistas de nivel avanzado). Por lo tanto, se piensa que le IMC puede ser un indicativo general para determinar la obesidad, sin embargo no nos asegura con total fiabilidad que una persona sea obesa o tenga sobrepeso.

Ahora bien, definir obesidad y sobrepeso únicamente por medio de valores numéricos es una visión simplista y excluye causas y complicaciones, por lo que es necesario definir la obesidad como una enfermedad metabólica multifactorial, influida por elementos sociales, fisiológicos, metabólicos, moleculares y genéticos (Santos, 2005). Además las consecuencias que conllevan no son las mismas, dado que la obesidad lleva consigo un mayor número de problemas tanto en la dimensión física, psíquica y social.

2.2. Tipos de obesidad.

La obesidad se puede clasificar según diferentes parámetros.

En primer lugar, podemos clasificarla atendiendo a su origen. En este caso, según Sande & Mahan (1991), (en Dâmaso, 1994), puede ser exógena o endógena. La obesidad exógena es causada por una ingestión calórica excesiva a través de la dieta, mientras que, la endógena, se produce por disturbios hormonales y metabólicos.

De acuerdo con aspectos fisiológicos Bjorntorp & Sjostrom (1971), citados por Dâmaso (1994), clasificaron la obesidad en: hiperplásica e hipertrófica. La hiperplásica se caracteriza por el aumento del número de células adiposas. Es típica de la infancia y adolescencia y de mal pronóstico, mientras que la hipertrófica por el aumento del volumen de los adipositos, más característica en el adulto.

En cuanto a los aspectos etiológicos, la obesidad se puede clasificar en primaria y secundaria. La primaria representa un desequilibrio entre la ingestión de alimentos y el gasto energético. La secundaria se deriva como consecuencia de determinadas enfermedades que provocan un aumento de grasa corporal. (Dâmaso, 1994).

Por otro lado, en la comunidad científica se acepta una clasificación de la obesidad en 4 categorías atendiendo a criterios relacionados con la distribución de los depósitos de grasa (Bouchard, 1991):
- Obesidad tipo I, caracterizada por el exceso de grasa corporal total sin que se produzca una concentración específica de tejido adiposo en alguna región corporal.
- Obesidad tipo II, caracterizada por el exceso de grasa subcutánea en la región abdominal y del tronco (androide) (Tipo manzana). La obesidad tipo II tiene mayor incidencia en varones
- Obesidad tipo III, caracterizada por el exceso de grasa víscero-abdominal.
- Obesidad tipo IV, caracterizada por el exceso de grasa glúteo-femoral (ginóide) (Tipo pera).
La obesidad tipo IV es más común en mujeres.

Para finalizar, podemos realizar una clasificación desde el punto de vista etiopatogénico, según Ferragut Martí (2001) se distinguen dos grandes grupos:

1. Obesidad nutricional: es el más frecuente. La obesidad nutricional es un desorden de etiología claramente multifactorial
2. Obesidad orgánica: comprende los casos secundarios a otros procesos:
-Síndromes dismórficos
-Lesiones del SNC: retraso mental, traumatismos, tumores, espina bífida,
-Secuelas posinfección, etc.
-Enfermedades de las glándulas endocrinas
-Trastornos psicológicos: bulimia reactiva.

2.3. Causas de la obesidad.

- Nutricional:
En relación al estilo de vida moderno, Coutinho (1999b) asegura que el hábito de comer fuera de casa contribuye al aumento del tejido adiposo de las personas, ya que mayormente, las comidas suelen ser ricas en grasa, y además, se tiende a un consumo exagerado de estos alimentos.
La “sobrealimentación” no es el único determinante que influye en el aumento significativo de la grasa corporal. Otros, como la calidad de los alimentos, pueden inducir a un mayor consumo (Pollock & Wilmore, 1993).

- Inactividad:
De acuerdo con Matsudo (1997), “el sedentarismo, como estilo de vida, puede ser nocivo para el individuo y potencialmente dañoso para la sociedad”. Comprobamos que existe un porcentaje elevado de investigaciones que confirman la existencia de una relación muy alta entre la práctica de actividad física y la reducción del componente graso, así como en relación a los efectos beneficiosos para la salud. (Marcos-Becerro, 1989; Meléndez, 2000; Sayce & Fraser, 2002).

- Genética:
La influencia genética puede contribuir en las diferencias de la tasa metabólica en reposo entre individuos, así como en la distribución de grasa corporal y en el aumento de peso en respuesta a la ingesta excesiva de alimentos (Anderson & Wadden, 1999).

- Nivel socio-económico:
Algunos estudios como el de Matsudo et al. (1998), demuestran que la obesidad es más frecuente en niveles socio-económicos situados entre medios y altos, mientras que en los países en vías de desarrollo ocurre un predominio de desnutrición por déficit de alimentos

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