lunes, 8 de marzo de 2010

"EDUCACIÓN FÍSICA Y OBESIDAD"


ÍNDICE

1. Introducción
2. ¿Qué es la obesidad?

2.1 Obesidad y sobrepeso: una relación problemática
2.2 Tipos de obesidad
2.3 Causas de la obesidad
3. La obesidad y el sobrepeso en los adolescentes del siglo XXI
4. La EF frente a la obesidad.
4.1 Papeles de la EF frente a la obesidad
4.2 Estrategias para abordar la obesidad en la EF escolar
4.3 Experiencias o programas de intervención en EF
5. Conclusiones
6. Referencias bibliográficas

1. INTRODUCCIÓN

En el último siglo, el concepto de salud ha evolucionado notablemente. Ha pasado de representar la ausencia de enfermedad a un estado de bienestar en todos los sentidos, tanto físico, psíquico y social. Es en estos planos en los que la educación física encuentra a través de la escuela una vía de actuación ante el creciente problema de la obesidad en los países desarrollados. Debido a esta transformación del concepto de salud, la educación física ha tenido que modificar sus estrategias de actuación para poder atender a las nuevas necesidades que presentan las aulas.

La nueva sociedad ha cambiado nuestra manera de vivir. Hoy en día tenemos un estilo de vida mucho más sedentario, las nuevas tecnologías hacen que nuestra vida sea menos dura en muchos aspectos, que tengamos opciones de ocio menos saludables y que los hábitos que los niños adquieran desde pequeños sean distintos a los que adquirían sus padres en edades tempranas. Podemos afirmar que dos de los factores más importantes que influyen en la ganancia de peso son los malos hábitos de alimentación y el bajo nivel de práctica de ejercicio físico frente a otras actividades de ocio más sedentarias (televisión, videojuegos,…).

Existe un riesgo creciente de que niños y adolescentes obesos sigan siéndolo cuando sean adultos por lo que es importante adoptar medidas al respecto intentando inculcar hábitos más saludables tales como la práctica de ejercicio físico o dietas más sanas.

Otro de los problemas derivados de la enfermedad son las repercusiones psicológicas que pueden afectar al niño. En ocasiones éste puede presentar sentimientos de inferioridad, rechazo y de baja autoestima, lo que puede desencadenar en actitudes antisociales como el aislamiento y la inactividad e incluso en la depresión.

Por otra parte, la escuela tiene la obligación de adaptarse a las circunstancias, inquietudes y problemas de la sociedad en la que está inmersa. En las últimas décadas, la obesidad y el sobrepeso se han convertido en uno de los principales problemas de Salud Pública y su prevalencia está aumentando en las poblaciones infantiles en todo el mundo. Según la OMS, la obesidad es una de las enfermedades con mayor presencia en los países desarrollados. El sistema educativo, y dentro de él los profesionales de la Educación Física, no puede dar la espalda a este problema.

Por último, debemos decir que el siguiente trabajo está dirigido principalmente a hablar sobre el problema creciente de la obesidad infantil en nuestra sociedad y de las estrategias que podemos seguir a través de la educación y la actividad física para ayudar a reducir las dimensiones de este problema que tanto afecta a nuestra sociedad. Una de las motivaciones que nos ha llevado a realizar este trabajo es la de saber que los valores y hábitos que debemos inculcar a nuestros alumnos para prevenir o tratar la obesidad son muy importantes para hacer de ellos personas sanas, llenas de vitalidad y de hábitos saludables que favorezcan la calidad de sus vidas.

2. ¿QUÉ ES LA OBESIDAD?

Etimológicamente hablando, la palabra obesidad deriva del griego griego Ob (exceso) y edere (comer), dando a esta afección un único origen alimentario.

Sin embargo, hay diversos autores que proponen definiciones mucho más completas, como es el caso de Coutinhho (1999) (en Bastos et al. 2005) que la entiende como “el resultado de un desequilibrio permanente y prolongado entre la ingestión de alimentos y el gasto energético, donde el exceso de calorías se almacena en forma de tejido adiposo”. Según Pollock & Wilmore (1993)( en Bastos et al. 2005), “el sobrepeso es la condición en la que el peso del individuo excede del promedio de la población en relación al sexo, la talla y el somatotipo”.

A través de ambas afirmaciones podemos señalar que el desequilibrio entre la ingestión calórica y su posterior consumo energético, es la principal causa de aparición de la obesidad en humanos.
Mientras que la OMS en 1997 define la obesidad como una enfermedad caracterizada por el aumento de la grasa corporal, acompañada en la mayoría de los casos por un aumento de peso, cuya magnitud y distribución condicionan la salud del individuo.

Hay numerosos riesgos y complicaciones vinculados la obesidad, no solo de índole fisiológico, sino también psicológico. Las consecuencias físicas suponen un incremento del riesgo de padecer enfermedades coronarias, diabetes, cáncer (de útero, mama, colon y próstata), etc. y en definitiva, con un aumento de mortalidad.

En la actualidad la obesidad es considerada un severo estado patológico en general, y especialmente para la célula miocárdica; por ello, el paciente obeso no constituye un simple problema estético sino un verdadero enjambre de enfermedades, sin contar la pesada carga psicológica que ejerce la presión social sobre esta franja de la comunidad (Narváez, 2005).

2.1. Obesidad y sobrepeso: una relación problemática.

En muchas ocasiones se utilizan los términos sobrepeso y obesidad como sinónimos, pero como bien señala Ontario Hamilton (2003), no lo son.

Según M. Chueca et al. (2002) “La obesidad es un trastorno metabólico que conduce a una excesiva acumulación de energía en forma de grasa corporal en relación con el valor esperado según el sexo, la talla y la edad” mientras que “el sobrepeso denota un mayor peso corporal con relación al valor esperado según el sexo, la talla y la edad.” (pp. 127-141). Autores como Javornik (2000) afirman que existen diferencias de significado en la medición del porcentaje de grasa corporal; de los niveles de sobrepeso y de obesidad en función del sexo y la edad del sujeto.

Otros autores sin embargo, difieren en la definición y el criterio para denominar obesidad o sobrepeso atendiendo al método utilizado para determinarla (Hamilton, 2003). Uno debe medir o evaluar el porcentaje de grasa corporal por medio de la determinación del espesor de pliegues cutáneos o pesaje hidrostático, o utilizando técnicas de la absorciometría fotónica por rayos-X (DEXA). La grasa corporal mayor a 30% se utiliza frecuentemente como un criterio de obesidad. Ricardo Javornik (2000), nos muestra los estándares saludables de porcentaje graso para hombre y mujeres en función de las edades.

El índice de sobrepeso y obesidad utilizado más frecuentemente, es el índice de masa corporal (IMC), que indica la relación que existe entre el peso y la talla al cuadrado.

Tanto la OMS (Organización Mundial de la Salud, Septiembre 2006), como la SEEDO (Sociedad Española para el estudio de la Obesidad), consideran obesidad cuando el IMC es igual o mayor a 30 Kg/m2. Por tanto, se puede decir que los términos de obesidad y sobrepeso van a depender de los valores del IMC, y tanto la OMS como la SEEDO definen a un sujeto con sobrepeso cuando los valores del IMC comprenden entre 25 y 29,9 kg/m2.

A pesar de la popularidad del IMC, uno debe darse cuenta de que no diferencia entre una persona cuyo peso corporal excesivo es debido a un alto contenido de grasa corporal y una cuyo exceso de peso es atribuido a una mayor masa libre de grasa, particularmente en aquellas personas que pueden variar marcadamente en su masa muscular y masa libre de grasa (como por ejemplo puede ocurrir en atletas o deportistas de nivel avanzado). Por lo tanto, se piensa que le IMC puede ser un indicativo general para determinar la obesidad, sin embargo no nos asegura con total fiabilidad que una persona sea obesa o tenga sobrepeso.

Ahora bien, definir obesidad y sobrepeso únicamente por medio de valores numéricos es una visión simplista y excluye causas y complicaciones, por lo que es necesario definir la obesidad como una enfermedad metabólica multifactorial, influida por elementos sociales, fisiológicos, metabólicos, moleculares y genéticos (Santos, 2005). Además las consecuencias que conllevan no son las mismas, dado que la obesidad lleva consigo un mayor número de problemas tanto en la dimensión física, psíquica y social.

2.2. Tipos de obesidad.

La obesidad se puede clasificar según diferentes parámetros.

En primer lugar, podemos clasificarla atendiendo a su origen. En este caso, según Sande & Mahan (1991), (en Dâmaso, 1994), puede ser exógena o endógena. La obesidad exógena es causada por una ingestión calórica excesiva a través de la dieta, mientras que, la endógena, se produce por disturbios hormonales y metabólicos.

De acuerdo con aspectos fisiológicos Bjorntorp & Sjostrom (1971), citados por Dâmaso (1994), clasificaron la obesidad en: hiperplásica e hipertrófica. La hiperplásica se caracteriza por el aumento del número de células adiposas. Es típica de la infancia y adolescencia y de mal pronóstico, mientras que la hipertrófica por el aumento del volumen de los adipositos, más característica en el adulto.

En cuanto a los aspectos etiológicos, la obesidad se puede clasificar en primaria y secundaria. La primaria representa un desequilibrio entre la ingestión de alimentos y el gasto energético. La secundaria se deriva como consecuencia de determinadas enfermedades que provocan un aumento de grasa corporal. (Dâmaso, 1994).

Por otro lado, en la comunidad científica se acepta una clasificación de la obesidad en 4 categorías atendiendo a criterios relacionados con la distribución de los depósitos de grasa (Bouchard, 1991):
- Obesidad tipo I, caracterizada por el exceso de grasa corporal total sin que se produzca una concentración específica de tejido adiposo en alguna región corporal.
- Obesidad tipo II, caracterizada por el exceso de grasa subcutánea en la región abdominal y del tronco (androide) (Tipo manzana). La obesidad tipo II tiene mayor incidencia en varones
- Obesidad tipo III, caracterizada por el exceso de grasa víscero-abdominal.
- Obesidad tipo IV, caracterizada por el exceso de grasa glúteo-femoral (ginóide) (Tipo pera).
La obesidad tipo IV es más común en mujeres.

Para finalizar, podemos realizar una clasificación desde el punto de vista etiopatogénico, según Ferragut Martí (2001) se distinguen dos grandes grupos:

1. Obesidad nutricional: es el más frecuente. La obesidad nutricional es un desorden de etiología claramente multifactorial
2. Obesidad orgánica: comprende los casos secundarios a otros procesos:
-Síndromes dismórficos
-Lesiones del SNC: retraso mental, traumatismos, tumores, espina bífida,
-Secuelas posinfección, etc.
-Enfermedades de las glándulas endocrinas
-Trastornos psicológicos: bulimia reactiva.

2.3. Causas de la obesidad.

- Nutricional:
En relación al estilo de vida moderno, Coutinho (1999b) asegura que el hábito de comer fuera de casa contribuye al aumento del tejido adiposo de las personas, ya que mayormente, las comidas suelen ser ricas en grasa, y además, se tiende a un consumo exagerado de estos alimentos.
La “sobrealimentación” no es el único determinante que influye en el aumento significativo de la grasa corporal. Otros, como la calidad de los alimentos, pueden inducir a un mayor consumo (Pollock & Wilmore, 1993).

- Inactividad:
De acuerdo con Matsudo (1997), “el sedentarismo, como estilo de vida, puede ser nocivo para el individuo y potencialmente dañoso para la sociedad”. Comprobamos que existe un porcentaje elevado de investigaciones que confirman la existencia de una relación muy alta entre la práctica de actividad física y la reducción del componente graso, así como en relación a los efectos beneficiosos para la salud. (Marcos-Becerro, 1989; Meléndez, 2000; Sayce & Fraser, 2002).

- Genética:
La influencia genética puede contribuir en las diferencias de la tasa metabólica en reposo entre individuos, así como en la distribución de grasa corporal y en el aumento de peso en respuesta a la ingesta excesiva de alimentos (Anderson & Wadden, 1999).

- Nivel socio-económico:
Algunos estudios como el de Matsudo et al. (1998), demuestran que la obesidad es más frecuente en niveles socio-económicos situados entre medios y altos, mientras que en los países en vías de desarrollo ocurre un predominio de desnutrición por déficit de alimentos

3. LA OBESIDAD Y EL SOBREPESO EN LOS ADOLESCENTES DEL SIGLO XXI

En las últimas tres décadas se ha visto una oleada dramática en la prevalencia (en epidemiología, proporción de personas que sufren una enfermedad con respecto al total de la población en estudio (RAE, 2006)) de la obesidad juvenil. Por ejemplo, como se observa en la Tabla 1, el aumento de la obesidad y el sobrepeso juvenil en los Estados Unidos creció dramáticamente de 1965 a 1995; siendo más rápido en niños que en niñas.

TABLA 1. Aumento durante 30 años en la prevalencia de la obesidad juvenil, comparando datos de la Primera Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de los Estados Unidos (NHANES I, por sus siglas en inglés) en 1965 y la Tercera Encuesta Nacional (NHANES III) en 1995.
Datos de Troiano et al. (1995). La obesidad fue evaluada de acuerdo a los percentiles del IMC.

Un estudio nacional Canadiense mostró un gran aumento en la prevalencia del sobrepeso y la obesidad juveniles entre 1981 y 1996 (Tremblay & Willms, 2000). El aumento pareció particularmente dramático en los grupos de edad más jóvenes. Por ejemplo, entre los niños de 7 años de edad hubo un alarmante aumento de 6 veces en la obesidad y un incremento del sobrepeso al triple. La tasa de aumento en la obesidad juvenil es considerablemente mayor que en los adultos canadienses (Tremblay et al., 2002). Este rápido avance de la obesidad juvenil no sólo ocurre en los países desarrollados tecnológicamente (Livingstone, 2001), sino también en las sociedades menos desarrolladas, en las cuáles la desnutrición había sido previamente predominante (Seidell, 1999). La Organización Mundial de la Salud ha llamado a este fenómeno una Epidemia Global (Organización Mundial de la Salud, 1997).

Para poder hablar de epidemia, tenemos que tener en cuenta dos factores fundamentales, por un lado el creciente número de individuos que padecen obesidad y por el otro, si la obesidad se trata de una enfermedad transmisible.

En cuanto al elevado número de individuos que padecen obesidad, existen estudios que aportan datos. En EE.UU la prevalencia de obesidad entre 1998 y 1994, ha aumentado del 23% al 30%, lo cual implica que, si la ganancia de peso continuara, el 39% de la población de los Estados Unidos será obesa en 2008 (Bar-Or, Oded 2001). En otros países de América como Chile, el ministerio de salud informa que el 20.5 % de la población padece sobrepeso y el 14% obesidad, y en el caso de Europa existe una prevalencia de obesidad en la población pediátrica del 15 al 20%. A nivel general estudios recientes realizados en distintos países demuestran que entre el 5 y el 10 % de los niños en edad escolar, son obesos y en los adolescentes la proporción aumenta hasta situarse en cifras del 10 al 20 %.

Centrándonos en España, el Dr. Javier Aranceta (2004), perteneciente a la universidad de Navarra y a la unidad de Nutrición Comunitaria, realizó el estudio “Kid”. Se trata de un estudio transversal realizado sobre una muestra aleatoria de la población española con edades comprendidas entre 2 y 24 años, seleccionada en base al censo oficial de población. Algunos de los resultados obtenidos fueron los siguientes, la prevalencia para este grupo de edad en España se estima en un 13,9% y para el sobrepeso se estima en un 12,4%. En conjunto sobrepeso y obesidad suponen el 26,3%.

La obesidad es más elevada en los varones (15,60%) que en las mujeres (12,00%), diferencia estadísticamente significativa. En el subgrupo de varones, las tasas más elevadas se observaron entre los 6 y los 13 años, y en las chicas las tasas de prevalencia más elevadas se observaron los 6 y los 9 años.

Por otro lado, señalar que la obesidad tal y como hemos visto se trata de una enfermedad que afecta a un elevado número de individuos, pero de ningún modo o forma se trata de una enfermedad transmisible, por lo que en un principio y en un sentido estricto no podemos considerar a la obesidad como epidemia. Sin embargo, la OMS en 1997 declara a la obesidad como epidemia, siendo por primera vez una enfermedad no transmisible considerada epidemia.

4. LA EF FRENTE A LA OBEIDAD

La educación física ha estado estrechamente vinculada a la salud desde su inclusión en los currículos educativos. Debemos ser consciente de que afrontamos un gran problema, pero que no debemos desistir en nuestro empeño en solucionarlo. Por ello debemos impulsar medidas y programas que lleguen a ser eficaces, y como se expone en la vigente ley educativa, la LOCE, dentro de sus principios educativos, señala como objetivo el de promover y formar para una actividad física regular en el tiempo libre, que permanezca en la edad adulta, y que se encuentre vinculada a la adopción de hábitos de ejercicio físico que incidan positivamente sobre la salud y la calidad de vida. (Santos Bueno, 2005).

El área de Educación física se muestra sensible a los acelerados cambios experimentados por la sociedad y pretende responder, a través de sus intenciones educativas, a aquellas necesidades, individuales y colectivas, que conduzcan al bienestar personal y a promover una vida saludable. Actualmente se sabe que el estrés es uno de los desencadenantes de muchos problemas sanitarios y que la actividad física es uno de los mejores métodos para prevenirlo.

Al igual que el estrés, la obesidad, es otro de los desencadenantes que pueden llegar a afectar negativamente la vida saludable de las personas. La intervención temprana puede ser clave para corregir este mal. Al enfatizar los beneficios del ejercicio y la buena nutrición, los niños crecerán con hábitos alimentarios saludables que utilizarán toda la vida.

4.1 Papeles de la EF frente a la Obesidad.

Desde el ámbito de la educación física, su rol como herramienta de prevención en su lucha contra la obesidad y el sedentarismo es fundamental y vital. Estudios anteriores parecen indicar que la práctica y el ejercicio físico aislado es un método ineficaz para la pérdida de peso, señalando la importancia de incorporar este ejercicio físico una dieta equilibrada, así como un programa de entrenamiento adecuado a dichas exigencias. Estos datos nos conducen a afirmar que cuanto más temprano aparezcan problemas de obesidad en la niñez, mas rápido se desarrollara la obesidad en la edad adulta, es decir, un niño con sobrepeso tiene muchas posibilidades de ser un adulto con sobrepeso (Bueno García, 2009). Es por ello que el profesor de educación física tiene un rol muy importante dentro de este ámbito y debe centrarse en varios aspectos para lograr asentar al niño obeso dentro de su plan educativo. Algunos de estos aspectos o papeles que debe llevar a cabo dicha personalidad son: ayuda al niño obeso a la integración, tratar de orientar a los padres sobre grupos de autoayuda en caso de no estar en tratamiento, motivar hacia la actividad física, sobre todo a actividades que trabajen el esquema corporal, la estructuración del espacio-tiempo-objeto, el equilibrio estático y dinámico ya que beneficiarán su condición; estimular actitudes de independencia y a veces colocarlo en alguna situación de superioridad respecto de sus compañeros (por ejemplo ser el capitán del equipo o elegir a su propio equipo) le darán mayor autoconfianza (Minuchin , 2002).

Por otra parte, la educación física dentro del ámbito escolar permite desarrollar programas que promocionan una vida saludable, ya que en las edades tempranas se podrá incidir en mayor medida sobre los niños, haciendo que los profesores sean participes en el desarrollo de hábitos de vida saludables, los cuales se consolidan con bastante firmeza antes de los 11 años (Kelder y cols. 1994). En relación a lo dicho anteriormente, Casimiro (1999) da a entender que las conductas sanas e insanas, son susceptibles de ser modificadas, siendo la etapa de enseñanza obligatoria idónea. La escuela es la única institución que acoge en su totalidad a toda la población durante las primeras edades de vida, lo que favorece la inculcación de esos hábitos de vida saludable desde edades tempranas (Bueno García, 2009).

4.2. Estrategias para abordar la obesidad en la EF escolar.

La primera responsabilidad como docentes en educación física, es detectar los casos de sobrepeso y obesidad que se da en la educación física escolar. Un método sencillo es calcular el IMC de cada sujeto, siendo fácil de aplicación y de comprensión por parte de los niños.

Una vez calculado el IMC y detectados los niños con sobrepeso, deberemos informarles de sus problemas de obesidad y motivarles para un cambio saludable en sus vidas. Debido a que no todos están abiertos al cambio se promoverán grupos especiales de refuerzo educativo en los centros docentes, recibiendo una o dos horas extras de clase semanales, incidiendo en sus condiciones físicas y psicológicas, las cuales pueden ser razón de fracaso escolar. (Santos Muñoz, 2005)

Dichas actuaciones deberán ir encaminadas a estimular la actividad física cotidiana consiguiendo un mayor gasto energético y evitando conductas negativas como el sedentarismo (ver televisión, videojuegos, ordenador, etc.) y estimulando actividades recreativas al aire libre y actividades en grupo que fomenten el sentimiento de equipo.

4.3. Experiencias o programas de intervención en EF.

Debemos ser conscientes de que afrontamos un problema tan grave como complejo y para el que no existen formulas mágicas para solucionarlo, ni en el plano individual ni en el comunitario, aunque no por ello debamos desistir en nuestro empeño. Enfocaremos nuestra ayuda al problema de la obesidad mediante tres ejes de actuación, estos son los siguientes:

- Tenemos el deber inmediato de ayudar a nuestros alumnos y alumnas con sobrepeso y obesidad a solucionar su problema.
- Por otro, y tal y como indica la ley, debemos promover y formar para una actividad física regular vinculada a la adopción de hábitos alimenticios y de ejercicio físico que incidan positivamente sobre la salud y la calidad de vida, es decir prevenir la obesidad desde la educación para la salud.
- El trabajo más importante que tenemos que desarrollar es motivar la búsqueda de soluciones y acciones comunitarias encaminadas a combatir el entorno obesogénico, que como hemos visto anteriormente es la causa última de la falta de actividad física y los malos hábitos alimenticios (Santos Muñoz, 2005).

Nosotros como profesores de Educación Física debemos diseñar y desarrollar un plan de tratamiento comprensivo, que debe incluir objetivos concretos de pérdida de peso, manejo de la actividad física y de la alimentación, modificación del comportamiento y, cuando sea necesario, la participación de la familia. No es preciso ponerse como objetivo alcanzar el peso deseable o normal porque es poco realista a largo plazo. Combinando dieta y ejercicio con tratamientos conductuales pueden conseguirse pérdidas del 5% al 10% del peso durante un período de 4 a 6 meses (Wadden, 2000 en Santos Muñoz, 2005).

A continuación exponemos un posible programa de intervención diseñado por Devís y cols.(2000) en el que cada alumno/a confeccionara su programa de entrenamiento a partir de la experiencia y conocimiento adquirido, estableciendo como componentes principales de dicho programa de mejora de la salud, los establecidos por el American Collage of sport Medicene (1990):
- Flexibilidad o amplitud de movimientos
- Resistencia y fuerza muscular
- Resistencia cardiorrespiratoria
- Composición corporal

El programa de Bueno García estará orientado a dos tipos de sujetos:
- Alumnos de 2º de la E.S.O
- 1º Bachillerato

Dicho programa de intervención (Bueno García, 2005) estará orientado a detectar problemas de sobrepeso y obesidad en niños/as y centrar el tratamiento del programa de prevención a través de un entrenamiento orientado a la salud.

Respecto a los alumnos que están cursando 2º de E.S.O, destacamos en su programa pasos como el análisis de la masa corporal (IMC), la evaluación del nivel de actividad física de cada sujeto mediante cuestionarios de preguntas cerradas, las entrevistas con los padres de los niños para obtener información sobre los pensamientos y conductas de los involucrados, trasladar el problema de la obesidad a competencias médicas y aconsejar a los implicados sobre actividades que puedan ser buenas en su transcurso vital.

Pasos a seguir en los programas para alumnos de 2º de Bachillerato:Respecto a este grupo el programa a seguir será el mismo que el anterior pero con la diferencia de que los alumnos elaboran un programa de entrenamiento para mejorar su condición física orientado a la salud, añadiendo un tercer día a los dos que ya se utilizan dentro del ámbito de la educación física, ya que las horas establecidas dentro del ámbito escolar son insuficientes y utilizando parte de su tiempo libre de manera que los alumnos realicen actividades físico deportivas voluntarias y regularmente de manera que lleguen a formar parte de su estilo de vida.

Epstein y cols. (1985) aplicaron durante 2 meses un programa de intervención en niños basado en ejercicio aeróbico realizado tres veces por semana junto a una dieta hipocalórica. Tras doce meses de seguimiento, se observaron grandes diferencias en el porcentaje de sobrepeso y capacidad de trabajo físico en estos niños respecto a los que formaron parte del grupo que solo realizó una dieta hipocalórica.

El grupo de trabajo de Rocchibi y cols. (1988), realizó un estudio en el que dividieron a la a los sujetos en tres grupos: uno que sometieron a dieta, otro a dieta junto con ejercicio físico y el último que no fueron sometidos a ninguna intervención. El ejercicio físico consistía en realizar, durante 5 meses, un trabajo aeróbico de 15 a 40 minutos, tres veces por semana. En contraste con los estudios citados anteriormente, no se encuentran diferencias entre los grupos sometidos a dieta respecto a los que realizaron ejercicio físico y dieta conjuntamente, ya que ambos grupos lograron un descenso importante en el peso y el porcentaje graso respecto al grupo de control.

5. CONCLUSIONES

Como hemos comprobado, la obesidad es un problema que va aumentando a pasos agigantados en la sociedad. Se da principalmente en países desarrollados, debido a las costumbres y al estilo de vida que llevan los jóvenes actuales. Hemos visto que las causas de la obesidad son muchas, pero en la mayoría de los estudios llevados a cabo sobre este tema, vemos que el sedentarismo y la mala alimentación son las principales causas.

Desde nuestro puesto frente a la sociedad, se debe poner remedio, ya que la obesidad y el sobrepeso están directamente relacionadas con otras enfermedades que pueden llegar a ser causa de muerte. Además de esto, la obesidad acarrea la pesada carga psicológica que ejerce la presión social sobre esta franja de la comunidad.

Mediante la Educación Física se puede enseñar a cambiar los hábitos de vida de una forma muy lúdica, con el objetivo de que adquieran costumbres más saludables, como practicar cualquier tipo de actividad física que les haga salir de ese estado sedentario en el que se encuentran.

Los programas de intervención tienen como objetivo cambiar los hábitos de conducta (ocio y alimentación) de los niños a través de sesiones de actividad física y en muchas ocasiones con la actuación conjunta de los padres los cuales adquieren una vital importancia a la hora de planear las dietas de sus hijos así como en la formación de las aficiones de los mismos. La práctica de una actividad física dentro del estilo de vida de los niños contribuye en la prevención de la obesidad, esto supone una evidencia por lo que es necesario considerar la actividad física como un elemento indispensable en la “lucha” contra la obesidad. La combinación de una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio físico es lo más efectivo para combatir la obesidad a largo plazo.